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Acta Febrero 8, 2018

el 1/4/2018, 16:28

TALLER DE MATEMÁTICAS Y CIENCIAS

Fecha: Febrero 8 del 2018
Tema: Orígenes, antecedentes históricos de la academia y la universidad.
Profesor: Carlos Augusto Hernández
Redactado por: Ayxa Chaverra Rentería


La primera academia tiene sus orígenes en el siglo IV a. C., sin embargo, sus antecedentes están estrechamente relacionados con los comienzos de la ciencia y filosofía, en Grecia. A partir de Tales de Mileto y los siguientes filósofos, se van estructurando los elementos fundamentales de esta primera escuela, que servirán como base para una serie de transformaciones en la concepción de la educación, la cultura académica y de la universidad como tal.


Tales de Mileto
Tales de Mileto (Mileto, c. 624 – c. 546 a. C) fue el primer filósofo griego que se reconoce como tal. Su importancia radica en su reconocimiento y manejo sistemático de regularidades y en que fue el primero, del que se tiene registro, en ofrecer explicaciones naturales a los fenómenos naturales, en una época en la cual la naturaleza se concebía a través del mito. Estas características de Tales son fundamentales en el trabajo científico y, por ello, se considera que Tales no solo es el primer filósofo, sino también el padre de la ciencia. Aunque la ciencia no existiera para la época en que vivió Tales, en el griego se juntan la ciencia y la filosofía, simultáneamente.

Entre sus principales contribuciones se destacan sus teorías sobre la materia, la constitución del mundo, la dinámica fluvial y el movimiento de los astros. 

Sobre la materia, el filósofo sostenía que el arjé era el agua y que todo lo que existía en el universo era agua en distintas manifestaciones.

Acerca de la constitución del mundo afirmó que la Tierra era como un gran barco que flota en el agua.

Respecto a la dinámica fluvial, al igual que los egipcios, Tales observó que el río Nilo crecía solamente una vez cada año. Sin embargo, su interpretación del fenómeno fue diferente a la de los egipcios. Para el pueblo africano, el río representaba la trinidad: dios, sol y faraón, simultáneamente, y las crecientes estaban supeditadas a la voluntad divina. De ahí que los campesinos prepararan sus siembras de antemano, mientras los sacerdotes utilizaban sus conocimientos astronómicos para predecir la fecha de la creciente y, además, rezaban a su dios Osiris para que la siembra estuviera lista en el momento adecuado y la eficiencia de la cosecha fuera máxima. En contraposición, Tales de Mileto justificaba la creciente anual del Nilo con el amontonamiento de arenas a la desembocadura del río a causa del viento. Según Tales, la arena obstaculizaría el flujo del agua hacia el Mediterráneo, hasta que el caudal desbloqueara el paso y liberara el agua acumulada a lo largo el año, produciendo la creciente.

De cualquier forma, entre las teorías de Tales, la más famosa es una relacionada con el movimiento de los astros. Para el año 585 a.C., Tales había estudiado los movimientos de los astros en tablas babilónicas y dedujo que, en un momento dado, la luna se atravesaría en el camino de la luz del sol y predijo el acontecimiento con exactitud. De nuevo, la explicación del filósofo contrasta con la visión mítica generalizada de la naturaleza en aquella época.

Por un lado, dos civilizaciones, los lidios y los medos, se enfrentaban en combate por las tierras de Anatolia, en mitad del día se hizo de noche. La interpretación inmediata del fenómeno por parte de los guerreros era que sus dioses no aprobaban esa guerra, así que hicieron una amnistía y finalizaron la guerra. Por otro lado, y en simultáneo, Tales de Mileto estaba presentando a sus estudiantes la comprobación de su predicción del eclipse. Ejército, profesor y estudiantes observaron cómo ante sus ojos se hizo de noche y, tras un tiempo, volvía a hacerse de día, cuando la Luna continuaba su trayectoria y daba paso a la luz. La predicción del eclipse de Tales es la primera de la que se tiene registro en la historia. Además, a raíz de la explicación que él ofrece, aproximadamente desde Aristóteles, se asienta la idea de que todos los cuerpos celestes producen luz, la cual permanece hasta el siglo XVI.


Anaximandro de Mileto
En el siglo VII, en la costa turca al oeste de Anatolia, en la ciudad de Mileto, en la civilización griega, la filosofía florecía con la aparición de los primeros filósofos: Tales de Mileto y, su alumno, Anaximandro de Mileto.

Anaximandro de Mileto (Mileto, c. 610. - c. 545 a. C) se destaca porque, en oposición a la hipótesis de su maestro, plantea que la Tierra no flota en el agua; sino que es como una moneda y que está en el centro del mundo. Como soporte a su teoría, traza el primer mapa completo del mundo conocido y sitúa el centro en Delfos, la ciudad griega donde residía el oráculo y el templo al dios Apolo.

El punto clave de la teoría de Anaximandro consistía en que la Tierra no se caía, y no tenía agua o soporte alguno debajo porque estaba en el centro del mundo y, si cayera, se caería hacia centro del mundo, pero al ya estar en el sitio donde caería, no va podía caer. Según Anaximandro, la Tierra se sostenía en su sitio por la geometría. Es decir, Anaximandro ofrece explicaciones geométricas a fenómenos naturales.


Sobre la repetición y las regularidades
Aunque antes de Tales se estudiaban las regularidades, por ejemplo, en las pirámides de Egipto hay evidencias de mediciones de regularidades de las estrellas que aquel pueblo conocía; se marca el comienzo de la ciencia en Tales de Mileto por su forma sistemática de manejar las regularidades y por las hipótesis no míticas, sino científicas, que construye a partir de sus observaciones. Esas son características propias y fundamentales de la ciencia. De manera que, con el estudio de Tales sobre las tablas babilónicas y su predicción de un eclipse, se plantea la relevancia de las repeticiones y las regularidades.

Los seres humanos hemos aprendido muchas cosas por la repetición. Desde la vida primitiva, las  manadas aprendieron a reconocer y aprovechar las regularidades sobre los animales para a la caza y la supervivencia; si un animal iba siempre al mismo lugar y a la misma hora, era posible tenderle una trampa.

Dicen algunos antropólogos que hay regularidades demasiado abstractas y demasiado de largo plazo que logramos aprender una vez. Quizás la más importante de ellas sea la regularidad entre la caída de las semillas y la producción nuevas planta. Por la antigua distribución del trabajo, en la que las mujeres se quedaban cuidando a las criaturas y los hombres se iban de casa, algunos antropólogos atribuyen el descubrimiento a las mujeres. La trascendencia de dicha regularidad radica en que permitió el sedentarismo, y la transformación de la naturaleza, de parte de la humanidad, por medio de la agricultura. Es así como la agricultura constituye el comienzo de la cultura.

El conocimiento científico comienza con el aprendizaje de las regularidades y trabajar con las regularidades es descubrir pautas, reconocer ciertos ritmos y para luego expresarlos de una forma más abstracta hasta convertirlos en leyes. Las leyes marcan una necesidad que se repite siempre.

Heráclito y Parménides
Otro par de los principales filósofos anteriores a la academia fueron Heráclito (Éfeso, c. 540 - c. 480 a. C). y Parménides (Elea, c. 530 - c. 515 a. C), los cuales son reconocidos por sus aproximaciones a la cuestión sobre el ser, es decir, sobre el objeto de estudio de la filosofía, o la ciencia (en ese período en el que eran indistinguibles). 

Por su parte, Heráclito creía que el ser era el movimiento, el cambio y que todo se resolvía por medio de las proposiciones. Una de sus frases más famosas leía que no era posible bañarse dos veces en el mismo río; no solo porque el río corría y se transformaba, sino porque las personas también cambiaban. En contraposición, Parménides señalaba que el mundo físico era particular y múltiple. Para él, aunque el mundo en la mente era distinto del mundo tangible y físico; el ser era lo que permanecía, lo intangible, lo universal.

En un ejemplo, la tesis de Parménides era que, aunque la idea de mesa sea diferente de todas las mesas del universo, si las mesas del mundo desaparecieran, la idea de la mesa permanecería y la idea de mesa sería el modelo de todas las mesas, por eso lo que debía estudiarse era lo permanente. Heráclito refutaba este argumento diciendo que las ideas en la mente también estaban en movimiento, que cuando se distinguía algo, el proceso mental correspondía a separar el ser del no ser y, por tanto, la mente era un proceso de cambio, al igual que el mundo. A este proceso de cambio lo denominó logos. Desde luego, Parménides añadiría que solamente existe el pensar y el ser y que no pensar es no ser, sin embargo, la discusión mantuvo su vigencia incluso, después de estos filósofos.


Pitágoras
El último de los filósofos presocráticos que se mencionará es Pitágoras de Samos (Samos, c. 569 - c. 475 a. C), un personaje que, aunque es reconocido como el primer matemático puro, representa más bien un misterio en la actualidad. Existen libros sobre Pitágoras e, incluso, un libro llamado Vidas de Pitágoras, que es una recopilación de las diferentes biografías que se han hecho sobre él a lo largo de la historia; con todo, es difícil distinguir cuáles de los aportes que están a su nombre no son, en realidad, obras de sus seguidores.

En su filosofía, el alma cobra vital importancia. Sostiene que el alma viaja y reencarnar, aunque él es el único que es capaz de recordar sus vidas pasadas. Para la época de Pitágoras, se sabía que las percepciones del mundo estaban supeditadas a la conformación del cuerpo. Por ejemplo, las experiencias auditivas solamente serían posibles para los seres con oídos. Lo anterior, sumado a la idea de reencarnación, permitía inferir que si se reencarnara en un animal sin oídos, no sería posible experimentar la música. En caso de reencarnar en un daltónico, se perderían los colores de la experiencia sensible. Más aún, en seres de similar conformación, las percepciones de color, olor, sabor, varían de ser a ser; de este modo, Pitágoras concluyó que la memoria del alma debía ser independiente de la sensibilidad y que para recuperarla era necesario buscar algo anterior a todas las sensibilidades.

Desde una cuestión como: “¿qué hay en común entre cuatro días, cuatro casas, cuatro manzanas y cuatro ríos?” Se puede concluir que no hay nada en común entre las características de los días, las casas, las manzanas y los ríos, además de que todos son cuatro. Este razonamiento ejemplifica la búsqueda del filósofo y su descubrimiento de que los números, a diferencia de los modos específicos de las cosas, eran independientes de las cosas particulares y, por tanto, correspondían al lenguaje del alma.

Para Pitágoras los números pares eran femeninos y pasivos; los números impares, masculinos y activos. Del mismo modo, la unión entre par e impar producía todos los números porque era la unión de lo femenino y lo masculino. Además, el número 1 era el todo y el principio, el 2 representaba el diálogo y la oposición, al número 3 le correspondía la familia, por sus tres miembros: padre, madre e hijo. Por otro lado, el número 4 era sinónimo de equilibrio, la estabilidad y el número 5 era la virginidad.
Basado en su hallazgo, a mediados del siglo VI a.C., Pitágoras fundó una especie de secta y movimiento filosófico y religioso en torno a los números; según la cual, los números son el arjé, es decir, el principio de todo. Esta secta recibió el nombre de Escuela Pitagórica y sus seguidores, entre los que se encontraban astrólogos, músicos, matemáticos y filósofos, recibieron el nombre de pitagóricos. De las mentes de los pitagóricos surgieron una gran cantidad de contribuciones a las matemáticas, muchas de las cuales fueron atribuidas a Pitágoras, aunque fueran realizadas por sus seguidores y alumnos, así que se hace difícil estimar cuáles de esas obras corresponden a él realmente.

En todo caso, el legado indiscutible de Pitágoras es el amor por las matemáticas. Él las concibió como el lenguaje del alma y, al igual que él, aprendimos que el mundo se puede pensar matemáticamente y que es en sí mismo matemáticas.


Sócrates
Antes de la academia existía una filosofía y problemas filosóficos claros, los cuales se evidencian en los filósofos presocráticos; particularmente, en Parménides, quien fue capaz de identificar la diferencia existente entre las cosas de la mente y las cosas del mundo. La concepción de que el conocimiento del mundo está sujeto a transformaciones y la separación de la sensibilidad y el mundo de las ideas, así como el reconocimiento de la importancia de ambas percepciones del mundo representa un avance en el conocimiento. Esta idea sería retomada por el primero de los tres grandes filósofos griegos.

La información hoy se tiene acerca de Sócrates (Atenas, 470 - 399 a. C.) proviene de los escritos sus estudiantes, puesto que el filósofo no enseñaba a través de la escritura y, probablemente no escribió nunca. En particular, uno de sus alumnos, Platón, cuenta que Sócrates había armado una escuela en la cual enseñaba a pensar sobre las ideas universales. Para Sócrates, el alma había estado en un mundo en donde se encontraba directamente con los conceptos y las cosas abstractas. En aquel mundo, el alma estaba en contacto con la idea misma de hombre, no con los hombres particulares; con la idea misma de belleza y no con las formas múltiples de expresión de la belleza; sin embargo, al crecer, eso se había olvidado.

Aunque no había en Grecia una distinción nítida entre ciencia y filosofía, sí la había entre los sofos o sofistas, las personas que estaban muy convencidas de su conocimiento y se reconocían a sí mismos como sabios, y los filósofos o amantes de la sabiduría. Sócrates, se consideraba alguien que amaba la sabiduría, pero que se reconocía como el más ignorante de los hombres, es decir, un filósofo. Precisamente, una de sus frases célebres era: “solo sé que nada sé” y eso, de alguna manera, se contradecía con la opinión que le inspiraba al oráculo de Delfos, que lo nombró “el más sabio entre los hombres” porque sabía que no sabía. La relevancia de aquel título se comprende en el hecho de que, para los griegos, el oráculo de Delfos era quien sabía todas las cosas.
El modo de trabajo del más sabio entre los hombres también es descrito por su discípulo. Según Platón, Sócrates suponía que las ideas estaban en el fondo del alma, de ahí que concibiera la enseñanza como “sacar a la luz las ideas”. Sócrates era hijo de una partera y, decía que su profesión era igual a la de su madre, con la excepción de que el fruto de su obra eran ideas, no eres humanos; es decir, a él lo ocupaban los “partos intelectuales”.

Este método de trabajo de Sócrates se denomina la mayéutica y consiste en construir conceptos universales a partir de una discusión basada en preguntas y respuestas. Por ejemplo, si alguien le hacía una pregunta al filósofo acerca de qué era la virtud, el respondía con la misma pregunta: “¿qué es la virtud?”. De modo que la persona podía darle distintos ejemplos de virtudes, así él replicaría que no estaba interesado en tantos ejemplos (particulares) sino en el concepto mismo de virtud (universal). Luego, aquella persona intentaría definir la virtud y él le diría que su definición era insuficiente porque con ella no abarcaba todas las virtudes existentes. A continuación, la persona intentaría construir una definición más general de la virtud.
Sócrates reconocía que era bastante difícil que alguien le diera una respuesta completa a la primera o, incluso, que se llegara siempre a una respuesta acabada de qué era una idea, entre otras cosas, porque algunos conceptos no se pueden completar siempre. En ocasiones, hay una dinámica de transformación de los conceptos que impiden que se dé una respuesta completa.


Teeteto y la Ciencia
Una anécdota producto de la mayéutica está condensada en Teeteto y Timeo, uno de los escritos de Platón. Allí se narra una discusión sostenida entre Sócrates y uno de sus estudiantes, Teeteto, acerca de qué es la ciencia. Las abstracciones que contiene este diálogo resultaron de gran influencia en el desarrollo del anarquismo epistemológico desarrollado por el físico australiano y posterior filósofo de la ciencia, Paul Feyerabend. Tal relevancia encontró en el texto de Platón que lo tomó como guía para los cursos que dictó sobre epistemología contemporánea de la ciencia en el ETH, en Zürich, y en la Universidad de California, Berkeley. Feyerabend encontró que muchas de las grandes discusiones que se han dado modernamente sobre qué es la ciencia están, de alguna manera, contenidas en ese diálogo de Platón.

Así, lo que nos permite a saber que Sócrates existió y cómo trabajaba es que, durante los muchos años que Platón fue alumno del filósofo, recoge sus aprendizajes en escritos a modo de diálogo, en los que el protagonista es casi siempre Sócrates. Sin embargo, hay un par de excepciones, realmente, que son el diálogo sobre Parménides y el texto de Teeteto y Timeo, en el que es el alumno quien va planteando todas las ideas sobre ciencia.

De este modo, la tradición ha tenido problemas en distinguir quién fue Sócrates y qué fue lo que realmente enseñó, en contraste con los aportes del personaje ficticio de Platón. Esto porque si Sócrates es el Sócrates de los diálogos de Platón, pareciera que su estudiante fuera simplemente un difusor del pensamiento socrático y sabemos que no fue así; aunque en sus diálogos Sócrates figure como personaje principal y su pensamiento predomine, sabemos que Platón creó su propia filosofía.


La Academia de Platón
La palabra “academia” proviene del nombre de Academos, el hombre que, en 387 a. C., prestaría sus jardines como sede de la escuela de Platón, en Atenas.

Platón (Atenas, c. 427 - c. 347 a. C.), el segundo gran filósofo griego y alumno de Sócrates estructuró su academia como un lugar de preparación para la filosofía y el razonamiento filosófico. El fundador tenía una concepción integral de la educación, de ahí que la formación que se ofrecía en la academia abarcara el desarrollo del cuerpo, la sensibilidad y la inteligencia.

En los primeros años, el currículo se enfocaba en la gimnasia y en la música. La gimnasia era la clave para la formación del cuerpo, ayudaba a fortalecer la salud y la constitución física de los aprendices. Además, con ella, se pretendía ayudar a que el cuerpo fuera armónico, acorde con la concepción de estética corporal predominante de la época. Esta idea de la armonía se recoge aún hoy en la idea de la gimnasia.

Por su parte, la música era un espacio universal, sin palabras y transversal a las culturas para el desarrollo de la sensibilidad. Aunque, en ocasiones, fuera y aún sea difícil comprender la música de otras culturas, de alguna manera la música ya es de por sí es universal para la humanidad.

Posteriormente, los estudiantes se centraban en el desarrollo de la inteligencia y, para ello, se introducía el estudio de una disciplina que Platón encontraba fundamental para la abstracción, la misma que se había desarrollado en la secta de los pitagóricos: las matemáticas, y el estudio de la filosofía, para recoger el conocimiento asimilado de la misma forma en que Platón la había aprendido, dialéctica o mayéuticamente, es decir, con preguntas y respuestas.

En las matemáticas, Platón ve un ejercicio intelectual. Las matemáticas son abstractas, lógicas, van avanzando en complejidad, de modo que, para él, no hay mejor gimnasia para la mente que las matemáticas. De ahí que aprender a pensar coincidía con aprender matemáticas. Las matemáticas y la lectura eran los elementos fundamentales de la formación intelectual propuesta en la academia. Dado que la formación integral estuviera orientada a la filosofía, resulta natural que los textos predilectos de estudio en la academia fueran los textos filosóficos.
Hay una característica primordial sobre Platón que se recoge en la academia y, desde entonces hace parte de la cultura académica; esta característica es que el filósofo escribe, pero lo hace de una forma particular: por medio de diálogos. De este modo, en la academia de Platón se conjugan dos cosas fundamentales: el diálogo entre el maestro y el estudiante y, la escritura. Antes de Platón se había escrito y se había dialogado, pero es precisamente cuando el diálogo y la escritura se combinan, cuando queda marcado el comienzo de la academia.


Aristóteles
Después de la muerte de su maestro, Platón, y después de dejar la Academia de Atenas, Aristóteles decidió formar su propia filosofía. A pesar de no haberse destacado en sus veinte años de formación, sus aportes posteriores cobrarían tal relevancia que le valdrían el título del tercer gran filósofo griego.

En contraposición a su maestro, Aristóteles (Estagira, c. 384 - Calcis, c. 322 a. C.) creía que el mundo de las ideas no estaba completamente separado del mundo natural; es más, creía que las ideas estaban en el mundo. De ahí que su principal objeto de estudio fuera el mundo que tenía frente a sí: la naturaleza y la sociedad.

El pensamiento de Aristóteles se ve ejemplificado en el siguiente razonamiento: el concepto de la fruta depende de la fruta; sin la fruta física no existiría el concepto de la fruta. Además, aunque las frutas físicas presenten diferencias entre ellas, el concepto de fruta es lo que es común a todas las frutas particulares y, para encontrar esa generalidad, se deben estudiar las frutas. Finalmente, como ellas están en el mundo físico, es allí donde se pueden y deben estudiar.

Así, para el filósofo, las ideas eran lo universal entre los modos particulares de las cosas y, por medio del estudio del mundo natural, se podían realizar abstracciones sobre cosas concretas y llegar a los conceptos generales. Sin embargo, la aproximación que Aristóteles hizo a dicho estudio resultó radical, pues aunque aceptó la universalidad del saber, decidió estudiarlo por divisiones. Decimos entonces que con Aristóteles se produjo la división de los conocimientos y, con ella, el nacimiento de las ciencias.

Las ciencias que concibió, dividió y estudió Aristóteles abarcan la lógica, retórica, la teoría del cielo, la poética, ética, biología, metafísica, física y política.

Lógica:
La desarrolló a partir de sus estudios sobre los argumentos de la política y registró su teoría completa en un libro denominado Organón. La lógica es la teoría de la estructura y las leyes generales de la argumentación, las leyes generales de la verdad, los elementos de las proposiciones y cómo estos se conectan para producir una idea de verdad.

La retórica:
Resultó de los estudios acerca de los discursos políticos, así como su historia y su relación con las emociones. La retórica es una ciencia relacionada con la lógica y la argumentación, pero más enfocada en la persuasión que en la verdad.

Teoría del cielo:
A partir de sus observaciones, propuso una explicación acerca de cómo estaba construido el universo, por qué la tierra estaba en el centro del mismo y por qué los otros planetas estaban en la periferia,

Metafísica:
Constituye su teoría del conocimiento y qué es lo que en últimas conocemos.

Biología:
Aristóteles dedicaba tiempo a estudiar a los organismos y sus transformaciones, tanto así que tenía colecciones de plantas, insectos y otros animales, le valió el apodo de “naturalista” en sus tiempos de estudiante de la Academia de Atenas. A partir de estos estudios organiza una teoría de la physis, término griego que significa transformación y naturaleza.

Poética
Entre sus objetos de investigación, también incluyó a la estructura de la tragedia griega. Desarrolló la poética, una teoría en la que mostró cómo la literatura lograba atrapar a las personas. Según la poética aristotélica, el proceso literario consistía en crear, plantear y mantener un conflicto por medio de una peripecia o enredo, de tal forma que la historia atrapaba al espectador o lector y creaba la necesidad de una catarsis o resolución.

Física
Aristóteles desarrolló una concepción de la física diferente a la que se mantiene en la actualidad. Su física era el tratado del movimiento, en términos de todo tipo de cambio o transformación. La teoría del movimiento de Aristóteles se centraba en la causa, más que en la descripción matemática de las transformaciones. Su propuesta era que en cada ser había un no ser en potencia, es decir, como posibilidad.

A manera de ejemplo de la teoría aristotélica se tienen los siguientes razonamientos: los seres humanos pueden aprender, porque en ellos existe la posibilidad y la facultad del aprendizaje. Del mismo modo, en la semilla está el árbol en potencia, en el ser humano está el saber en potencia, en los seres vivos habita la muerte como una posibilidad. El filósofo denominó “dunamis” a esta facultad y posibilidad, es decir, al ser que no era, pero que quería ser, el ser en potencia que jalaba para realizarse.

En su teoría física, el tiempo se definió como el número del movimiento. Para Aristóteles no era posible hablar de tiempo sin movimiento. Tampoco era posible hablar del lugar sin la materia. En la concepción aristotélica del movimiento, los cuerpos no eran puntuales y los lugares eran todo lo que hay debajo del límite primero inmóvil del cuerpo continente.

Como se evidencia, la teoría del movimiento no se enfocaba en la descripción matemática del mismo; sin embargo, Aristóteles fue más allá al considerar a las matemáticas y a la física como ciencias separadas, cuya única relación era que algunas propiedades de la física eran matemáticas.

Pensamiento matemático
Aunque Aristóteles no realizó muchos ni grandes aportes a las matemáticas, sí inició un pensamiento analítico y matemático que resultaría fundamental en las ciencias. Este pensamiento consiste en ser capaz de realizar abstracciones a partir las observaciones, a pesar de la diversidad de los fenómenos.

Política:
El padre de Aristóteles era el médico del rey Filipo II de Macedonia, y el hijo de Filipo, Alejandro III de Macedonia, mejor conocido como Alejandro El Grande o Alejandro Magno, se convertiría en alumno de Aristóteles. Aunque sólo estuvo a cargo del filósofo durante tres años, se mantendría en contacto con él a lo largo del resto de su vida.

Alejandro Magno (Pela, 356 - Babilonia, 323 a. C.) resultó un alumno muy sabio, especialmente para la política, puesto que sabía mantener el poder en las ciudades que conquistaba, en particular en Egipto. En sus conquistas recopiló documentos y materiales que luego enviaba a su maestro. Entre esos archivos, seguramente se encontraban muchas de las historias sobre ciudades y las casi 200 constituciones que Aristóteles estudiaría al detalle para desarrollar su teoría de la política. Estos aportes no serían los únicos que Alejandro Magno le haría a su maestro pues, además, le ayudaría a fundar su propia escuela, el Liceo.  

El Museion y la Biblioteca de Alejandría
El estudiante de Aristóteles, Alejandro Magno, fundó varias Alejandrías. En particular, en 332 fundó la ciudad Alejandría de Egipto, una ciudad que se caracterizaría por su diversidad cultural. Además, tras la muerte de Alejandro, un anterior general de su ejército, Ptolomeo I, fue nombrado gobernador de Egipto.
Aunque Ptolomeo era griego, para su gobierno, decidió convertirse en egipcio y eso significó convertirse no en gobernador, sino en faraón, asumir como suya la cultura de los egipcios, defender a Egipto como si fuera su tierra y formar una dinastía egipcia con las creencias egipcias.

A pesar de que el gobierno adoptó la cultura egipcia, esta cultura también se vio afectada por los movimientos griegos. Sin embargo, las variaciones fueron muy leves. Por ejemplo, a partir de este gobierno, las estatuas egipcias aparecieron adelantando el pie izquierdo. Por el contrario, el proceso de de aculturación para la dinastía del jefe de gobierno fue tal que, incluso la tataranieta de Ptolomeo, Cleopatra, que es heredera de los macedonios, se convertiría en princesa egipcia y defendería a Egipto hasta su muerte.

Con todo y la predominancia de la cultura egipcia, la ciudad de Alejandría de Egipto se permearía de otras cosmovisiones y se convertiría en un núcleo de cultura y saber universal. Precisamente, es en esta ciudad en donde Ptolomeo fundó el Museion o el Museo de Alejandría.

El Museion fue una especie de copia del Liceo de Aristóteles. Este centro del saber se preocupó por la filosofía, al igual que la Academia de Atenas, y por la ciencia, al igual que el Liceo; pero, a diferencia de este último, en el Museion las matemáticas sí proliferaron. Entre otras distinciones, en esta academia se tomó cierta distancia de la filosofía aristotélica, y se reconoció la importancia de la escritura y la lectura como nunca antes. Tanta relevancia se explica con la idea, que se desarrollaría en el museo de Alejandría, de que todo el conocimiento construido anterior era fundamental para la construcción de nuevos conocimientos.

Así pues, el museo de Alejandría fue el sitio en el que se recogieron, organizaron, sistematizaron y estudiaron los textos de conocimiento disponibles en la época; desde los libros filosóficos griegos hasta los papiros de los egipcios y judíos. Ahora, dados los diferentes idiomas en los que estaban escritos los documentos, se hizo necesario traducirlos para su comprensión y estudio. Es así como en el Museion nació una nueva ciencia que se encargaría de estudiar las palabras, su historia y significado: la filología.
Entre otras cosas, en el Museion se recogió La Torá y, en torno al libro, se reunieron 72 patriarcas de la sabiduría judía para traducir el libro religioso de los judíos del idioma hebreo al griego. Esta se convertiría en la primera traducción de la que se tiene registro en la historia.
Uno de los aspectos más importantes del Museion es el gran culto por los textos, la lectura y la escritura. Rápidamente la academia cobró importancia porque constituyó la más enorme biblioteca del mundo antiguo, con una colección de más de 200 mil rollos, quizás hasta un millón. En ella se recogía todo el saber anterior, y de la época, de distintos lugares. Sin embargo, la biblioteca constituyó no solo un sitio de estudio y traducción del conocimiento, sino la cuna del nuevo conocimiento; la invitación a hacer parte de la biblioteca estaba abierta a todos los sabios y estudiosos destacados, con la promesa de libros, hospedaje, comida para ellos y su familia, así como la oportunidad de discutir e investigar, de la mano de las máximas autoridades, en las diversas ramas del saber. Así, el la ciudad de Alejandría alcanzaría su máxima fama no por su museo, sino por su biblioteca.

Algunos de los personajes destacados que llegaron a hacer parte de la biblioteca, varios como bibliotecarios e, incluso, como directores del centro, fueron:

Arquímedes, que aunque vivió casi toda su vida en Siracusa, eventualmente decidió ir a pasar unos años en la biblioteca y durante su estancia inventó el tornillo de agua.
Aristarco de Samotracia, un gramático y filólogo con múltiples aportes a la crítica literaria.
Aristarco de Samos, un estudioso de la astronomía, que imaginó el primer modelo heliocéntrico de la época anterior a Cristo.
Claudio Ptolomeo, quien planteó el modelo geocéntrico del universo que predominaría durante siglos.
Eratóstenes, que fue la primera persona en calcular la circunferencia completa de la Tierra.
Euclides, quien es considerado el padre o fundador de la geometría. En la biblioteca, sintetizó toda la geometría para construir su obra cumbre, Los elementos.
Hipatia, una famosa matemática, que era hija de un bibliotecario y bibliotecaria ella misma.

Hasta antes de la biblioteca, la academia se caracterizaba por dos elementos fundamentales: el diálogo y la escritura. La biblioteca añadió uno más, característico de la cultura académica: la investigación.  Así, las personas iban al Museion y, en particular, a la Biblioteca de Alejandría porque allí encontraban pares con quienes hablar, trabajar y construir conocimiento. La Biblioteca fue clave para el desarrollo de las ciencias y las humanidades en la antigüedad y continuaría sus funciones hasta algún momento entre finales del siglo III y los comienzos del IV.


Introducción a la Edad Media y las Escuelas Catedralicias
Posteriormente, el mundo europeo entró en la Edad Media (s. V - XV d.C) , y los intereses de este período histórico reorientan el interés por la naturaleza a la satisfacción de las necesidades por medio del cultivo de la tierra, y los intereses inmateriales se reorientan a temas como el alma y la otra vida. Es decir, en la Edad Media, el mundo se piensa en otros términos y la ciencia queda en el abandono hasta, aproximadamente, el siglo VI. Entrado en este período, se recupera la ciencia griega con la formación de escuelas con bibliotecas. Sin embargo, estas bibliotecas no tienen mucha fuerza. Más tarde, con el fortalecimiento de las escuelas medievales y el crecimiento de las ciudades, se fundan escuelas alrededor de las catedrales y estas escuelas se llamarán Escuelas Catedralicias.
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